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Hablar de un tema tan  complejo como la explotación sexual comercial Infantil y Adolescente se debe a una serie de factores que convergen en su manifestación y que toman en cuenta desde el vamos a la naturaleza degradante que constituye a este tipo de vulneración.  Sin embargo sobre la misma pesa un elemento que no hace más que complejizar el ya de por si incierto panorama que este tipo de agresión supone para sus víctimas y en el que inciden muchísimos más actores que simplemente el del agresor y el agredido.

 

En primer lugar, es preciso definir que es la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes, o bajo sus siglas; ESCNNA. Se trata de una de las formas de vulneración de derechos más atroces que es posible de concebir, puesto que ella se constituye a partir del control y sometimiento que un adulto ejerce sobre un niño, niña o adolescente, esto con el propósito de obtener favores sexuales que le otorguen satisfacción, siendo por esto, incluso, considerado como un tipo de esclavitud moderna.

 

Descrito de esta manera es que la mayoría de las personas tienden a caracterizar a este problema sencillamente como prostitución infantil o adolescente, siendo esta una concepción históricamente errónea, comúnmente basada más en los prejuicios asociados hacia las personas que son víctimas de este tipo de vulneraciones.

 

En primer lugar comencemos por diferenciar dos elementos básicos que distinguen a la Explotación Sexual de la Prostitución: considerando el hecho de que en ambos existe un intercambio que media la interacción entre víctima y agresor, esto en el caso de la prostitución considera únicamente las especies consistentes en elementos materiales, como por ejemplo el dinero. De la misma manera ocurre en la Explotación Sexual, incorporándose a este otros elementos que se asocian a aspectos más profundos en la vida de los niños, niñas y adolescentes afectados y que tienen que ver con la manifestación de afectos, por lo que los recursos de transacción se materializan a través del amparo, protección, favores e incluso la coerción por medio de un pacto de no ejercicio de la violencia.

 

El segundo nivel que pone distancia entre el concepto entre prostitución y explotación sexual es un elemento crucial, ya que según la definición de la primera se comprende que su manifestación es posible en la medida en que la parte solicitada acceda a ser participante a través de su consentimiento. Situación que en caso de ser un niño, niña o adolescente es imposible, puesto que según indica la judicatura este no se encuentra ni psicológica y ni biológicamente hábil para poder otorgar su consentimiento a un mayor de edad para acceder a este tipo de servicios, surgiendo en la interacción otras motivaciones que conducen a una eventual víctima a otorgar placer sexual a un adulto. De esta forma se configura un “aparente consentimiento” del niño, niña o adolescente quien al momento de ser retribuido por alguna de las formas anteriormente descritas termina asimilando este, su agresor e incluso su propio entorno que se trata de un acto voluntario, el cual se ve compensado ante algún posible daño.

 

De esta manera vemos como opera en la manifestación de este fenómeno la intervención de otros actores que ya sean por promoción u omisión están siendo avales a través de una de las consecuencias más crueles de las que pueda ser objeto una víctima de Explotación Sexual: la invisibilización o desestimación de su condición de víctima.

 

Es por consecuencias como estas que resulta perentorio socializar y educar de manera correcta acerca de este fenómeno, de manera de ser capaces como población y organismos públicos o privados de identificar los componentes que se encuentran a la base de su manifestación, de manera que nos permita comprender que el depositar responsabilidades sobre un Niño, Niño o Adolescente sobre la ocurrencia en un episodio de Explotación Sexual puede incluso agravar el ya complejo escenario de intervención que se configura desde el momento en que este es violentado sexualmente, teniendo consecuencias graves como la pérdida de confianza de la víctima de su familia, entorno y la misma judicatura.

 

Para los profesionales encargados de protección de infancia y adolescencia también esta problemática configura importantes desafíos en la labor interventiva. Profundizar en el evento vivido y revivir en relato son acciones que producen un importante desgaste emocional tanto para la víctima como para el profesional que interviene en la reparación del episodio, por lo que el compromiso debe estar siempre basado en la confianza y por sobre todo en el de educar a las redes que se encuentren rodeando a la víctima reforzando su condición de garantes de derechos a través del trato respetuoso por medio de la no concreción de posible regresiones que profundicen más en el hecho de vulneración.

 

Oficina de Oficina de Protección de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes

Municipalidad de Monte Patria

 

 

Autor: Prensa y Comunicaciones
Fecha de creación: 2017-05-25
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